ASÍ QUE HABLEMOS DE PIZZA, PÃO DE QUEIJO Y AREPA

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Empecemos por decir que hay una gran presunción en quienes quieren hablar de cosas complejas en una crónica semanal. La pizza, el pão de queijo, la arepa, cada uno en su tierra de origen, son como monumentos de tradición sagrados en siglos de experiencia.

Déjenme explicarles: con toda humildad les confieso que si bien he comido pizzas caseras desde que tengo uso de razón, cuando me tocó el turno de hacerlas, me tomó como diez años aprender todos los secretos y poder decir ¡ahora sí, que sé hacer la pizza!” Por eso, cuando alguien me pide que le dé la receta de mi pizza, me abruma: ¿cómo puedo explicar sin parecer pedante, cuánta experiencia, cuántas variables, cuánto tiempo, cuántas temperaturas, cuántos detalles hay que respetar para hacer una buena pizza? Creen que quiero darme aires de grandeza, que quiero hacerlo difícil para darme importancia, pero créanme, no es así.

Es la sagrada humildad que exigen recetas antiguas que parecen sencillas.
A mí me pasó lo mismo cuando probé el pão de queijo por primera vez: acababa de poner un pie en Brasil y alguien me habló de este pão de queijo. Finalmente lo probé, en casa de una amiga y claro, yo también pedí la receta de inmediato, pero después de las primeras explicaciones, cuando escuché del polvilho, no tenía ni idea de qué era y cómo se usaba, Basándome en mi experiencia con las pizzas, me di cuenta que lo mejor es confiar en aquellos que han tenido el arte en las manos durante siglos, y comprar pão de queijo congelado… siempre es mejor que lo que yo podría hacer con mi inexperiencia!

¿Y la arepa, que en Venezuela es el alimento sagrado del desayuno? Parece un sándwich tan simple, tan primitivo y elemental, pero intenten hacer una arepa realmente buena, perfectamente hecha… se necesita de buena mano, se necesita experiencia, se necesita de tener la buena medida. Años y años de práctica … y desafío a cualquiera a que me diga lo contrario.

Por supuesto, sé que hay quienes afirman que hacen una deliciosa pizza mezclando los ingredientes en una licuadora… por favor cambiemos de tema, no me obliguen a ser mal educada…

Una vez una querida amiga brasileña me preguntó cómo hacer una lasaña. Estaba a comenzando a darle mis explicaciones cuando decidí pedirle que me explicara cómo la hacía ella. Bueno, al final concluí “Estoy segura de que este plato tuyo es un verdadero manjar, pero no lo llames lasaña”.

Temo que la crónica de esta semana me hará ganar quién sabe cuántos enemigos, pero ustedes me han provocado, ahora nadie me detiene. Lo siento, pero ha llegado el momento de aclarar algunos conceptos.

Empecemos por el arroz a la piamontés. Por supuesto, hay un risotto piamontés, pero si les explico cómo se hace, se darán cuenta de que no tiene nada que ver con este arroz a la piamontés (ou piamontesa, como está escrito en algunos menús). Otra fake news se refiere a la muy famosa “paja italiana”, que nadie conoce en Italia… que quede claro que reconozco ambas recetas como deliciosas, pero el nombre… ¿quién será el que inventó esos nombres de fake news?

Para completar, y también para tranquilizarlos, les confirmo que incluso en Italia hay chuletas, ossobuco y risotto milanés, hígado veneciano, pesto y salsa genovesa, polenta valsugana, etc. etc.

En resumen, en el mundo culinario, ¡incluso hasta las fake news pueden ser deliciosas!

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